Curiosidades - Informaciones
El instinto
PRIMATAS CAZADORES
Durante millones de años hasta hoy, los primatas humanos y no humanos, fueron cazadores. Antes que el mundo evolucionase y la civilización humana llegase a la explotación industrializada de la caza para la alimentación de una población humana que no para de crecer, y exhaurir las riquezas del planeta, la caza era la forma más habitual de suministro de alimentos de alto valor ern calorias, que permitió a las generaciones de primatas desarrollarse.
Todavia luchamos contra aquel instinto selvaje de cazar y hay poblaciones que practican la “caza deportiva”. Ciertas ciudades del meio-oeste norteamericano son todavia el paraiso de los cazadores, y hasta un ex vice-presidente de aquel pais, se vanagloriaba de los patos que cazaba en sus momentos de ocio.
Nosotros podemos, a través del comportamiento de los chimpancés con los cuales convivimos, observar como el instinto de caza es profundo. Esos chimpancés nunca vivieron en vida libre, y nunca tuvieron que cazar para alimentarse, sin embargo, si algo se mueve en su territorio, se convierten en su presa.
Dias atrás, yo estaba con Vitor, chimpancé de unos 13 años de edad, que vivió toda su infancia en un circo y que tiene sólo un brazo. Estabamos en su grande recinto de cerca electrica, el cual él recorre con frecuencia y me llevó de la mano a ver un nido de termitas gigante, de casi 2 metros de altura. En su parte superior un hueco indica que “alguien” creó una entrada además de las necesarias para la respiración que existen en su base. Vitor amenazaba meter la mano en el hueco, y yo le explicaba los peligros de serpientes escondidas. Fuimos para otro lugar para jugar, mientras varios pajaros llamado en el Brasil Quero-Quero (Quiero-Quiero) hacían vuelos bajos sobre él, cuando él los perseguía. Llené una botella con agua y dí a él una parte. Ahí Vitor me llevó de nuevo adonde las termitas, estaba viendo o escuchando algo que yo no percibía. Me pidió que colocase un poco de agua en el hueco, lo que hice. El comenzó a hacer ruido con la boca, como llamando a alguién. En un instante un gran pajaro carpintero de cabeza roja salió volando del nido de termitas, y él lo agarró en el aire con su unica mano, cuando grité para impedirlo, ya era tarde, su instinto habló mas alto y lo mató en movimiento y salió corriendo con su presa para su casa en las alturas, donde yo no lo podría impedirlo ni perturbarlo mas.
Si él cazó para alimentarse, lo que dudo, o por un mero instinto cazador, poco importa, al final de cuentas también en el mundo de los primatas primitivos el comportamiento, como en el de los mas evolucionados – como el de nosotros humanos – la convergencia continua siendo la misma.
Dr. Pedro A. Ynterian
Presidente, Proyecto GAP Internacional
Durante millones de años hasta hoy, los primatas humanos y no humanos, fueron cazadores. Antes que el mundo evolucionase y la civilización humana llegase a la explotación industrializada de la caza para la alimentación de una población humana que no para de crecer, y exhaurir las riquezas del planeta, la caza era la forma más habitual de suministro de alimentos de alto valor ern calorias, que permitió a las generaciones de primatas desarrollarse.
Todavia luchamos contra aquel instinto selvaje de cazar y hay poblaciones que practican la “caza deportiva”. Ciertas ciudades del meio-oeste norteamericano son todavia el paraiso de los cazadores, y hasta un ex vice-presidente de aquel pais, se vanagloriaba de los patos que cazaba en sus momentos de ocio.
Nosotros podemos, a través del comportamiento de los chimpancés con los cuales convivimos, observar como el instinto de caza es profundo. Esos chimpancés nunca vivieron en vida libre, y nunca tuvieron que cazar para alimentarse, sin embargo, si algo se mueve en su territorio, se convierten en su presa.
Dias atrás, yo estaba con Vitor, chimpancé de unos 13 años de edad, que vivió toda su infancia en un circo y que tiene sólo un brazo. Estabamos en su grande recinto de cerca electrica, el cual él recorre con frecuencia y me llevó de la mano a ver un nido de termitas gigante, de casi 2 metros de altura. En su parte superior un hueco indica que “alguien” creó una entrada además de las necesarias para la respiración que existen en su base. Vitor amenazaba meter la mano en el hueco, y yo le explicaba los peligros de serpientes escondidas. Fuimos para otro lugar para jugar, mientras varios pajaros llamado en el Brasil Quero-Quero (Quiero-Quiero) hacían vuelos bajos sobre él, cuando él los perseguía. Llené una botella con agua y dí a él una parte. Ahí Vitor me llevó de nuevo adonde las termitas, estaba viendo o escuchando algo que yo no percibía. Me pidió que colocase un poco de agua en el hueco, lo que hice. El comenzó a hacer ruido con la boca, como llamando a alguién. En un instante un gran pajaro carpintero de cabeza roja salió volando del nido de termitas, y él lo agarró en el aire con su unica mano, cuando grité para impedirlo, ya era tarde, su instinto habló mas alto y lo mató en movimiento y salió corriendo con su presa para su casa en las alturas, donde yo no lo podría impedirlo ni perturbarlo mas.
Si él cazó para alimentarse, lo que dudo, o por un mero instinto cazador, poco importa, al final de cuentas también en el mundo de los primatas primitivos el comportamiento, como en el de los mas evolucionados – como el de nosotros humanos – la convergencia continua siendo la misma.
Dr. Pedro A. Ynterian
Presidente, Proyecto GAP Internacional





